¿Qué es wokismo?

Mucho se habla hoy acerca de la ideología “woke” y de cómo todo lo que toca se va a pique.

Hay incluso una expresión en inglés para el fenómeno: «Get woke, go broke» o «hazte progre, hazte pobre». Esto describe a aquellas corporaciones que han intentado construir su imagen alrededor de sensibilidades sociales y terminan perdiendo al menos el 50% de su clientela.

Con la popularización del término durante los últimos 2 años, uno supondría que los intelectuales mediáticos han hecho su tarea y han explicado a sus audiencias lo que significa ser woke.

Después de todo, si no sabemos lo que es la ideología woke, no podremos detectar sus efectos ni defendernos de aquellos que la intentan imponer sobre nosotros.

Como de costumbre, me puse a buscar lo que dicen los comentadores culturales al respecto, y encontré una riqueza inimaginable de opiniones lamentables basadas en la total ignorancia.

Por ejemplo, la BBC escogió poner a una persona con altas cualificaciones interseccionales para explicar a su público altamente ideologizado que ser “woke” es algo así como «tener sensibilidad por los problemas que afectan a la sociedad como normas o paradigmas opresivos».

En el otro extremo, Agustín Laje hace gala de su ignorancia habitual al limitar su definición a una enumeración de movimientos de izquierda generados por la aplicación de la dialéctica marxista hasta un desquiciamiento económico y cultural. Luego señala que el wokismo no es parte de la cultura ni de la realidad fáctica de la sociedad civil, sino que sólo existe en las minorías.

«Les vengo a explicar cómo ser parte de esta generación»

Entonces, la izquierda intenta disfrazar el wokismo como algo bueno, positivo, que evoluciona a medida que ciertas tendencias que antes fueron benéficas se van volviendo opresivas. Mientras que la derecha sólo las ve como modas o locuras momentáneas y minoritarias, que son solo parte del ideario cultural.

Por supuesto, todo esto es una estupidez descomunal cuyo efecto es ocultar la verdadera naturaleza de la teoría crítica y su práctica de “despertar conciencias”.

Para solucionar esto, hice el esfuerzo de resumir de la manera más sucinta posible el wokismo. El problema es que debemos entender de dónde sale, qué se quería lograr y luego cómo funciona. Al final dejo un ejemplo para que vean el wokismo en acción.

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La escuela de Frankfurt

Para comprender esta teoría, nos debemos ubicar en contexto. En 1923, un profesor de derecho de la Universidad de Frankfurt funda algo llamado Instituto de Investigación Social. La meta era estudiar los problemas prácticos de implementar el socialismo. Entre ellos estaban Max Horkheimer, Theodor Adorno, Erich Fromm y Herbert Marcuse

Marx se había equivocado. El capitalismo no había empobrecido a la sociedad hasta el punto de hacer que los trabajadores despertaran a su verdadera conciencia de clase. Más bien, los había enriquecido de tal manera que se habían adormecido y ya no deseaban expropiar a los expropiadores ni establecer una dictadura del proletariado. Al contrario, las únicas sociedades donde había tenido lugar la revolución eran feudales. Sólo la Unión Soviética y China habían dado el salto mientras que las sociedades capitalistas se resistían a convertirse en comunistas.

Lo que esta élite intelectual propuso es que hay algo malo en la cultura capitalista que frena el avance del comunismo desde dentro. Para esta élite iluminada y bondadosa, el problema era que los padres y madres capitalistas criaban hijos capitalistas, a través de instituciones mediadoras o “socializadoras” como la familia, la escuela y la iglesia. Esto hacía que se resistieran a adoptar la verdadera consciencia de clase.

Según Marcuse, mientras existiesen los valores capitalistas y los salarios siguiesen subiendo, la acumulación de riquezas produciría una vida cada vez mejor para el obrero y evitaría la llegada de la revolución.

Esto lo reflejan muchos políticos marxistas el día de hoy. Gustavo Petro un día dijo que «cuando los pobres dejan de ser pobres… se vuelven de derecha». Por eso la izquierda intenta por todos los medios empobrecer a sus sociedades de manera que estén descontentos y pidan siempre un “cambio”. De lo contrario, se vuelven prósperos y conservadores, prefiriendo que las cosas se mantengan tal y como están.

La teoría crítica

En 1937, Max Horkheimer publica su obra «Teoría Tradicional y Teoría Crítica», la cual va a sentar las bases de la teoría marxista por los próximos 90 años. Su tesis es que una sociedad capitalista no puede concebir una vida mejor debido a que le falta el lenguaje para pensar en ello. Las palabras que usaba la gente en aquellos tiempos tenían significados concretos que evitaban una conversación acerca de las promesas del comunismo.

A ver si me explico. Cuando uno utiliza la palabra “riqueza”, una persona imbuida del sistema capitalista sólo podrá pensar en dinero y joyas, mientras que un estudiante de teología pensará en abundancia espiritual. Una conversación entre estas dos personas estará llena de confusiones a medida que uno quiere explicar el valor de la vida eterna y el otro no ve el atractivo hasta que no le hagan una conversión a dólares.

El comunista se enfrenta al mismo problema. No puede explicar claramente las promesas del evangelio comunista porque no existe tal lenguaje en una sociedad capitalista. Ambos describen la realidad de manera distinta. Horkheimer propone que hay dos marcos de realidad: la teoría tradicional y la crítica.

La teoría tradicional es aquella que describe el mundo tal y como es. La sociedad occidental tiene como fundamento algunas cosas que se dan por sentadas. La existencia de Dios, de leyes de la lógica y la existencia objetiva de la realidad confinan al hombre a una vida siempre predictible.

Según Horkheimer, esta presuposición es la que no nos permite pensar más allá. El hombre está imposibilitado para decidir cómo quiere vivir ya que la realidad se impone por sobre él.

Ayn Rand diría «Puedes ignorar la realidad, lo que no puedes es ignorar las consecuencias de ignorar la realidad».

Horkheimer entonces propone una teoría superior de conocimiento: la teoría crítica.

Si leemos directamente de Horkheimer o Marcuse, la teoría crítica se vuelve una ensalada de términos grandilocuentes que suenan muy bonitos y prometedores, pero son sumamente engañosos. La idea de este post es aclarar lo que significa todo eso de la manera más clara y corta posible.

La idea general es que, ya que no contamos con el lenguaje adecuado para describir la sociedad ideal comunista, lo que hay que hacer es criticar los elementos existentes en la sociedad que deseamos cambiar. Básicamente, se trata de quejarse constantemente de todo lo que evite vivir en un mundo ideal. Ya, eso es todo.

Ser woke es simplemente tener una capacidad de mirar el mundo existente, problematizar cualquier aspecto y exigir poder para arreglarlo. Es sentir en lo más profundo de tu ser que la realidad debería desaparecer para dar paso a la utopía. Marx citaba a menudo a Mefistófeles para referirse a esta actitud: «Todo lo que existe merece perecer».

El hombre capitalista es incapaz de pensar fuera de la caja, como dirían ellos. Por eso se insistió tanto en “desarrollar el pensamiento crítico” en las escuelas y apoderarse de las universidades y la cultura en general. Así crearon ejércitos de jóvenes que criticaron sus países y culturas hasta volverlos irreconocibles.

Mujeres a salvo de la opresión de sus tradiciones

La teoría crítica afecta hoy todos los aspectos de nuestra cultura y nuestra realidad, al contrario de lo que opina Laje. Hoy no podemos concebir a un adolescente que no sea criticón y quejón. De hecho, preguntar a alguien en la calle cosas tan simples como «¿Cómo estás?» lo único que te gana es tener que escuchar una letanía de malestares y una recapitulación detallada de su última visita al médico.

Para ser efectiva, la crítica debe ser constante, hecha en todo momento. Es un evangelio que debe ser predicado a tiempo y a destiempo.

De la aplicación de esta teoría salen los estudios de crítica de género, crítica racial, crítica monetaria, crítica colonial, crítica patriarcal. Lo único que tienes que hacer es ser lo suficientemente creativo como para describir cualquier factor como un problema y ya creaste una nueva disciplina intelectual.

Ejemplo: Teoría Crítica Terrazal

Construyamos una teoría crítica a partir de un tema cualquiera.

¡Es el mejor momento para compartir esto con alguien que necesite saber cómo defenderse de los woke!

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Imaginemos que sucede una tragedia. Un niño cae por una terraza. Es algo que no desearía que pasara, pero es un evento que lamentablemente sucede con relativa frecuencia. La teoría tradicional, o el sentido común, intentaría buscar al responsable y castigarlo. Es posible que los padres estuvieran descuidados o que colocaran un mueble demasiado cerca de la ventana. Una sociedad normal buscaría responsabilidad penal.

Para alguien entrenado en teoría crítica, esa es una postura retrógrada y simplista. Una teoría crítica intentaría buscar la “raíz del problema”. Te dirá que esto es un problema sistémico ocasionado por una cultura que no valora suficientemente a los niños o que valora demasiado el aire libre y la autoexpresión. Si no tuviésemos esa cultura, no tendríamos estas tragedias.

Si el niño se cayó en horario escolar, entonces la culpa es de una cultura que no quiere enviar a sus niños al colegio. Si los padres estaban descuidados, entonces es culpa de un sistema opresor que no instituye más vigilancia dentro de los hogares. Si los padres se habían tomado un par de copas, entonces la culpa es de una cultura que promueve que la gente consuma alcohol. Si no encuentran nada, entonces es culpa de una cultura que no hace lo suficiente para proteger a los niños poniendo mallas en las ventanas, o de un sistema que permite que la gente tenga hijos cuando vive en edificios.

Es decir, todos nosotros fuimos culpables de que el niño cayera. Hay gente que no despierta, no es woke y sigue participando y apoyando esta cultura, siendo completamente insensible a la tragedia. Hay otros que sí son conscientes de esto, pero se benefician y no permiten que la cultura cambie. Todos ellos son enemigos porque son cómplices de promover este mal sistémico terrazal.

Esto crea dos clases de personas: aquellos que son “woke” y critican la cultura terrazal. Y aquellos que promueven activa o pasivamente la cultura terrazal, que no es otra cosa que capitalismo. Aquellos que no ven el problema o de alguna manera se benefician de él son enemigos. Es decir, si yo no quiero dejar de tomarme mi vino a la hora de la cena, yo soy cómplice de asesinato del niño que cayó por la ventana. Si alguien se niega a poner mallas en sus ventanas por motivos estéticos o porque sus hijos están bien educados, entonces es cómplice también y debe ser ridiculizado, sometido a humillaciones, cancelado.

¿Y qué pasa si quieres ser neutral?

Esa categoría no existe en la mente crítica. Si no estás luchando contra el “enemigo”, eres parte del enemigo. Por eso no puedes ser “no racista” sino antirracista, no puedes ser no machista, tienes que ser feminista.

Más aún, para una persona woke, el fin justifica los medios. Sus luchas siempre son existenciales, así que siempre es todo o nada. Si no apoyas sus medidas, no mereces vivir ya que apoyas un sistema que seguirá matando niños y su sangre está en tus manos. Esto es lo que hace tan difícil discutir con ellos, ya que cualquier cosa que intentes decir será enmarcada como amenaza existencial.

Por ejemplo. Puedes decir racionalmente que establecer un sistema de vigilancia universal a través de las redes sociales a toda la población sería pasarse de la raya. La respuesta automática será citar estadísticas sobre la relación entre el uso de redes sociales y el suicidio en menores de edad. No importa si explicas que ambas cosas no tienen nada que ver, ya que la mentalidad woke sólo busca enmarcarte como un enemigo despreciable que amenaza la existencia de todos los niños mientras respires.

Esta es la razón por la cual la gente más fastidiosa en nuestros vecindarios apoya cuanta causa se les ocurra (animales, naturaleza, abortos, género, feminismo, secularismo, banderitas de Palestina). No son una minoría como dice Laje, y sí afectan nuestra realidad. Son literalmente espías, manteniendo a los vecinos en constante zozobra.

Esto también explica por qué cada vez que nos vemos envueltos en algo que tenga que ver con el sistema judicial, todo pronto se vuelve un interrogatorio donde lo que digas será usado en tu contra. Estás frente a un sistema crítico-judicial que siempre busca la raíz del problema y el problema siempre eres tú. Los delincuentes son tratados con guante de seda porque son víctimas de un sistema que los oprime y del cual tú te beneficias.

Ser woke te permite construir teoría crítica de lo que sea. Puedes quejarte de que la investigación de glaciares en la Antártida es demasiado masculina, o que pasear perritos en el parque promueve la cultura de la violación.

El wokismo es tener el poder de ver al mundo bajo esta perspectiva y criticarlo. Y a pesar de haber sido inventado por la izquierda, la derecha también lo usa con gran efecto.

Si este tema produce algo de interés, me atreveré a hablar de la derecha woke.

Mientras tanto, pueden irse introduciendo en el tema con el gran libro de Alberto Mansueti, Las Leyes Malas. Ahí él describe este fenómeno como “derechas malas” y describe cómo nuestros países han implementado la legislación woke durante al menos un siglo.

Hasta la próxima.