Han pasado 4 años desde la última vez que escribí por acá. No puedo quejarme. Ha sido una época de muchos cambios en el hogar con la llegada de dos hijas, períodos de estudio intensivo y abundante trabajo. Pero todo lo bueno debe acabar.
Como ya muchos deben saber, los creadores de contenido tenemos los días contados debido al crecimiento exponencial del AI Slop (basura generada por IA, o lo que yo llamo diarr-IA). El resultado es un campo digital asediado por el subempleo. Las empresas ya no piden que redactes contenido ni escribas código de software. Exigen que adoptes ChatGPT y actúes como niñera, “corrigiendo” los errores que la IA cometa.
Yo no tendría problema con este tipo de empleo si este cumpliese con lo que prometía la era de la tecnología liberadora. Cuánto soñábamos con ser como la caricatura de los Super Sónicos (Jetson Family), donde el padre llegaba agotado de una jornada laboral en la que simplemente oprimía un botón. Pero la IA está desbaratando ese sueño a gran velocidad.
Según los defensores de las nuevas tecnologías, las herramientas IA permiten terminar tareas un 55% más rápido o ahorran un 70% del tiempo de trabajo. El problema es que muchos reportan que en el tiempo que pasan probando y corrigiendo prompts, habrían podido producir entregables (resultados tangibles) de mayor calidad.
Más aún, los ambientes laborales dominados por IA son pronto víctimas de la homogeneidad de pensamiento. Los individuos comienzan a depender cada vez más de lo que diga la IA, adoptan una mentalidad grupal uniforme y pronto abandonan el pensamiento crítico. No es de extrañar que hoy casi todas las marcas sean irreconocibles entre sí. Todas están adoptando la diarr-IA como vehículo comunicacional, y ya no detecto la diferencia entre un anuncio comercial y un comunicado del gobierno.
Uno supondría que eso implica un menor esfuerzo mental para los empleados. Desafortunadamente, la continua necesidad de guiar y reverificar cada dato y decisión generada por IA intensifica la fatiga mental. No sólo eso, sino que cuando se percibe que la IA expande las capacidades del empleado, en seguida se le asignan más responsabilidades. Esto infla su carga laboral y reduce el tiempo de ocio semanal en un promedio de 3 horas.
Así, pues, no puede sorprender que algunos no consideremos que ese tipo de ambiente laboral sea el ideal. Lo que me trae a saludarles de nuevo y prometer una disciplina editorial menos guiada por el ocio y más por el interés propio de querer pagar la cuenta de internet.
Vengo con mucho contenido acerca del estado de la educación en Occidente, las nuevas preguntas que acosan a la academia y uno que otro subproducto de ponerse a leer literatura clásica después de ver lo último del universo Marvel.
Un saludo a todos.