La guerra contra la familia

Una de las causas por las cuales los conservadores siempre se encuentran en el lado de los perdedores es que nunca le creen al enemigo. Friedrich Hayek, uno de los economistas más influyentes del pasado siglo, solía decir que «si los socialistas entendieran de economía, no serían socialistas». Por más simpatía y respeto que le tengo a Hayek, tengo que decir que su frase es una estupidez del tamaño de una catedral.

Muchos hoy, entre ellos están José Huerta de Soto y Agustín Laje, se empeñan en decir que la izquierda es inútil, ignorante y torpe, llegando a la conclusión de que, si la dejan en paz, sus planes colapsan por sí solos. Pero ¿alguno de ellos se ha puesto a leer dichos planes?

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El socialismo no tiene nada que ver con economía, al menos no desde el punto de vista econometrista. Más bien el socialismo es una cosmovisión con un punto de vista sobre qué es el hombre (antropología), el universo (metafísica) y un punto hacia el cual todo se dirige (escatología).

En pocas palabras, la visión que tiene el socialismo del hombre es que es bueno por naturaleza, pero está en todo momento en cadenas. El fin último del hombre es la libertad total. El evangelio socialista es que, si despiertas, puedes liberarte de todas las cadenas que te esclavizan, y la más asfixiante de todas es la familia.

El resto de las teorías socialistas se compone de implementaciones de este mismo tema en diversos ámbitos con sus respectivos ensayos y errores. Por eso siempre pueden decir que «el verdadero socialismo nunca ha sido intentado» y no estarán mintiendo.

Esto no lo digo yo. Friedrich Engels, compañero y alcahuete de Marx, escribió un librito llamado “El Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado” en el que expone este problema con detalle. Dice que el hombre era libre, pero inventó el matrimonio para reproducir el sistema de opresión capitalista en un microcosmos doméstico para perpetuarlo. El resultado es la explotación y opresión de la mujer que, según ellos, no había sido oprimida antes de la invención del matrimonio.

Me hubiese gustado estar presente en ese comité patriarcal donde se les ocurrió esa diabólica idea. ¿Se imaginan el diálogo?

  • Machista opresor: Ya tenemos a las mujeres donde las queríamos. Las esclavizamos, las violamos, las hacemos tener nuestros hijos y las abandonamos cuando están viejas y ya no nos sirven.

  • Patriarca violento: Aún siento que no estamos haciendo suficiente para oprimirlas. Tenemos que inventar un sistema que realmente las someta.

  • MO: ¡Ya sé! Tomemos cada uno una única mujer por esposa, juremos protegerla y dar nuestra vida por ella. Cuando caiga en la trampa, le daremos todo lo que tengamos como provisión y herencia, le haremos administradora de nuestra casa y nos encargaremos de la educación de sus hijos.

  • PV: Pero ¿Una sola mujer?

  • MO: Claro. Así podremos dedicarle toda nuestra atención y hacerla feliz para que no se dé cuenta de su miserable opresión.

Un plan maligno sin duda.

La idea es que, para el socialista, el matrimonio y la familia son pequeñas reproducciones de la sociedad capitalista. Si eliminan esta institución, se dejará de reproducir la sociedad y caerá el capitalismo. Los cambios en las condiciones sociales y económicas son meros instrumentos.

Yo comprendo que esta proposición puede parecer una locura. Para aquellos que no comparten esa cosmovisión, suena tan descabellado como lo es para un ateo que alguien pueda creer en la Biblia en el siglo XXI. Pero esa es la razón principal por la cual siguen avanzando sin freno.

Aquellos que no saben de qué va el juego, no entienden las jugadas. Tratan de jugar ajedrez mientras que el contrincante está jugando damas. Los conservadores intentan desesperadamente paliar las malas consecuencias de las políticas socialistas (desempleo, crimen, colapso social). Mientras tanto, los socialistas de todos los partidos siguen aplicando sus ideas sin que nadie se les oponga.

Ideas viejas con nuevas caras

Sorprendentemente, el discurso socialista no ha cambiado en siglos. Platón ya proponía la existencia de una casta política que se dedicara sólo a filosofar, compartiendo las mujeres y los hijos, disfrutando de libertad real para dedicarse a cosas trascendentales. Esa idea sobrevivió por milenios.

El Palais Royal, luego llamado el Palacio de la Igualdad, fue un lugarcillo donde la élite francesa del siglo XVIII solía reunirse. Por el día, discutían la mejor manera de deshacerse de la realeza y del clero en Francia. El enciclopedista Diderot sostuvo, mientras paseaba por los patios del Palais, que «el hombre no sería jamás libre hasta que el último rey fuese colgado de las entrañas del último sacerdote».

Por las noches, se cuenta que no tenía nada que envidiarle a la Isla de Epstein. Ahí era cuando el Marqués de Sade frecuentaba el lugar, donde distribuía sus ideas acerca de política, religión y la importancia de la liberación de todo tabú sexual (incluyendo la tortura, el abuso infantil y muchas otras perversiones).

Muchas de las ideas discutidas en el Palais Royal desembocaron en la Revolución Francesa, una matanza sin razón en nombre de la racionalidad.

Marx y Engels no eran ajenos a estas ideas. Más bien sostenían que la Revolución Francesa no había llegado lo suficientemente lejos. Si bien sus obras son de importancia, no lograron sistematizar la manera de implementar la revolución social que tanto deseaban.

En 1920, Wilhelm Reich, psicoanalista marxista y estudiante de Freud, publica su obra “La Revolución Sexual: Para una reestructuración socialista de los humanos”. En ella, critica el estado burgués debido a que, según él, impone el modelo de familia patriarcal a través de varias herramientas de opresión. Entre ellas tenemos:

  1. La monogamia, o “matrimonio compulsivo”.

  2. La supresión de la sexualidad infantil.

  3. La falta de educación y libertad sexual de los adolescentes.

  4. La ilegalidad de otras sexualidades.

  5. La ilegalidad del aborto.

  6. La falta de causales de “incompatibilidad” para el divorcio.

Un lector avezado podrá notar que el desmontaje de este sistema ha sido implementado poco a poco por el progresismo mundial en todo Occidente sin que falte un solo punto ni un solo país.

Por supuesto, los conservadores no le creen a ninguno de esos autores. Por otro lado, la gente que defiende la “neutralidad a toda costa” piensa que nada de esto le afecta, aunque luego se pregunta por qué sus hijos son tan “rebeldes”, mientras sigue enviando a sus hijos al colegio para ser “reestructurados” y convertidos en agentes de discordia familiar en nombre de la “diversidad familiar”.

Y ya te oigo decir: «Oye, astutísimo escritor desconocido que inunda mi inbox con tan interesantes temas, ¿cuál es entonces la solución?»

La más inmediata es comenzar a pensar en sacar a tus hijos del sistema escolar. Ojo, yo NO dije «sácalos mañana del colegio». Sólo sugiero comenzar a rumiar esta idea. Si queremos hacer un cambio, el cambio se hace por casa. En mi casa nos tomamos un año completo para dar el salto, y no ha habido ningún remordimiento.

Para quienes buscan más información, acá les dejo un video de la gente de CISMA Press y La Vía Clásica quienes desde México responden muchas de las preguntas acerca del homeschooling y el cambio de cosmovisión necesario para contrarrestar el evangelio comunista. Ellos también ofrecen cursos para padres y aspirantes a maestros de enseñanza clásica. Muy recomendados.

Para aquellos que quieran aprender un poco más acerca de la agenda socialista (Agenda 2030, 4ta revolución industrial, o como lo quieran llamar), les recomiendo el libro de Alberto Mansueti, Las Leyes Malas. Ese fue el primer autor que me mostró que los intelectuales y economistas están luchando contra un hombre de paja y que el socialismo es mucho más profundo, y a la vez más simple, de lo que todos creen.

¡Hasta la próxima!

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